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viernes, 14 de diciembre de 2012

Iglesia Penitencial de la Santa Vera Cruz


 En pleno centro de Valladolid, al final de la calle de la Platería, se yergue la Iglesia de la Vera Cruz, cuya majestuosa fachada constituye una de las estampas más tradicionales de la ciudad. Sede y propiedad de la Cofradía del mismo nombre, la mas antigua de las penitenciales vallisoletanas, comenzó a construirse en el último cuarto del siglo XVI, pero hubo de ser reformada y ampliada en la segunda mitad del s. XVII.

Inicialmente, la edificación se llevó a cabo siguiendo las trazas de Pedro de Mazuecos el Viejo y el diseño que para la fachada hizo Diego de Praves, uno de los más destacados arquitectos del clasicismo que imperó en nuestra región a caballo de los siglos XVI y XVII. En virtud de las condiciones impuestas por el cabildo municipal al vender los terrenos a la Cofradía (1582), ésta hubo de respetar un arco previamente construido en ellos. Aprovechando ese elemento, Praves concibió una monumental fachada que aun podemos admirar. Los dos pares de columnas que flanquean el acceso principal obligan a elevar la vista hasta encontrarnos con la hornacina que, en tiempos, hubo de ocupar una imagen de la Virgen y hoy nos muestra la de Constantino. El frontón partido y la Cruz que lo remata completan la calle central de esta fachada, mientras que las laterales se coronan con sendas espadañas. El gran balcón corrido, típico de las Iglesias Penitenciales, se debe al artífice Juan del Barco, miembro de una importante familia de rejeros.

Si la fachada permanece como resto de la primera etapa constructiva, el interior, tal y como lo conocemos en la actualidad, es el resultado del ensanche al que hemos aludido. Presenta tres naves separadas por pilares cuadrados y crucero con cúpula que apoya sobre tambor. Sobre las naves laterales corren tribunas que flanquean el coro alto, situado a los pies del templo. Las obras siguieron el proyecto de Juan Tejedor.



El retablo Mayor se bendijo el 11 de Septiembre de 1681, con la entronización en él del Cristo del Humilladero, que hoy se venera en la nave de la epístola. El crucificado ocupaba la parte central, mientras a sus lados se situaban las esculturas de la Virgen y San Juan. De autor desconocido, se han barajado varios nombres de posibles artífices. Dado que los colaterales los hace Alonso de Manzano, pudiera pensarse en él. Sin embargo, guarda mayor analogía con los retablos que hace Blas Martínez de Obregón.
En el cuerpo superior un relieve representa a Santa Elena y a su hijo Constantino con la Cruz. En nuestros días podemos contemplar esta gran máquina de soportes salomónicos tal y como fue concebida, con excepción del Cristo, que fue sustituido con el tiempo por la Dolorosa que hoy lo preside, tallada por Gregorio Fernández para el "paso" del Descendimiento. Es una de las mejores creaciones del artista.


En un retablo salomónico del ensamblador Alonso de Manzano (fines del siglo XVII) puede admirarse la efigie del Ecce Homo que, pese a la ausencia de documentación, se atribuye con absoluta certeza a Gregorio Fernández. Efigie titular de un paso de varias figuras, ofrece la imagen de Jesús sentado, hecho "rey de burlas", que deja perder su mirada misericorde con un deje de melancolía. También es conocido como Cristo de la Caña o de los Artilleros. Contemporánea del retablo es la pintura que muestra su cuerpo superior (San Francisco y Santa Teresa), realizada por Andrés Amaya.


En un retablo del siglo XVII destaca la imagen de bastidor de la Soledad, de la misma centuria. Su manto negro deja ver el rostro y las manos unidas en oración. Hasta hace unos años era llevada a hombros de los cofrades de la Vera Cruz, durante la madrugada del Viernes Santo. El retablo se completa con un cuadro del paño de la Verónica situado sobre la hornacina de la Virgen.



En una capilla algo más antigua que las anteriores, se disponen las dos figuras del paso de la "Oración del Huerto" que todavía conserva la Cofradía, una vez perdidas las demás en la época de la desamortización. Se trata de la imagen de Jesús, arrodillado en posición suplicante, y un ángel que le ofrece consuelo, debidas a Andrés Solanes (1628), colaborador de Gregorio Fernández, antes de convertirse en maestro independiente. El artista supo plasmar en el rostro de Cristo, además de su habilidad técnica, una innegable capacidad para expresar la contención del sufrimiento.



En un retablo gemelo al del lado del Evangelio y debido tambien a Alonso de Manzano (1693), se encuentra otra espléndida obra de Gregório Fernández. Resto también de un "paso" de varias figuras, la imagen ya estaba acabada en 1619. Siempre se ha elogiado su cuidado estudio anatómico y el patetismo de su espalda llagada, en contraste con la dulzura que irradia su rostro. En el cuerpo superior del retablo hay una pintura de la Sagrada Familia, de Andrés Amaya.




Único "paso" de madera policromada conservado con todas sus figuras, salvo el mencionado traslado de la Dolorosa al retablo mayor, para constituir además un "paso" independiente. Contratado con Gregorio Fernández en 1623  -la escultura de la Virgen actual es del siglo XVIII - añade a la calidad individual de cada personaje una atrevida composición en diagonal que obliga a mirar desde el suelo, donde María espera el cuerpo de su Hijo, hasta lo alto de la Cruz, de la que Nicodemo y Arimatea desclavan al Señor.


Cobijado por un marco de veinticuatro espejos ovalados, el Cristo del Humilladero, así conocido por el que la Cofradía tuvo en el Campo Grande, sigue despertando la piedad que provocara desde el siglo XVI. Como ya se dijo, fue colocado en el retablo mayor, con toda solemnidad, en 1681 y posteriormente se cambió su emplazamiento. Sus caracteres estilísticos hacen pensar en la gubia de un seguidor de Berruguete, sin que falte algún experto que lo crea atribuible al círculo de Juan de Valmaseda.


En un retablo rococó al que sirve de culminación una cruz guardada por dos ángeles, se sitúa el Lignum Crucis, reliquia de la Cruz de Cristo que, procedente de Liébana, según la tradición, es el primer y principal objeto de veneración de los cofrades, hasta el extremo de dar nombre a la Cofradía. La reliquia se aloja en un ostensorio, pieza importante de la orfebrería vallisoletana de la decimoséptima centuria. Hecho de plata, bronce dorado y piedras preciosas, presenta forma de cruz con un basamento octogonal en cuyo interior se reproduce la escena de Adán y Eva junto al árbol del Paraíso.


También en su interior podemos ver el paso de "La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén", conocido como "la Borriquilla", que es el protagonista de la procesión del Domingo de Ramos, dedicada especialmente a los niños. Es el único "paso" de "papelón" que aún se conserva y cabe datarlo en el siglo XVI. Sus figuras son de tela encolada, pero con cabezas, manos y pies de madera, como resultaba habitual antes de generalizarse los "pasos" totalmente tallados en madera.











Texto y fotos: http://www.santaveracruz.es

1 comentario:

Anónimo dijo...

Según la documentación hallada en el AHPV y aportada por la profesora de la UVA Mª Antonia Fernández del Hoyo, se relaciona la fachada con Juan de Nates, bajo "el parecer" de Diego de Praves, maestro de obras del Ayuntamiento.
M.A.Alonso